Jeremías bajó las escaleras y fue hasta su oficina. Abrió una botella de wiskhy y se sirvió un trago. El sabor del licor quemó su garganta y aun así, era leve comparado con el fuego que sentía en su interior teniendo a Macarena cerca, deseándola y sin atreverse a amarla.
—Tengo que calmarme, joder. —murmuró mientras tomaba asiento en el sillón ejecutivo de cuero negro.
A pesar de que con sus palabras trataba de convencerse de ello, el deseo crecía en su mente con mayor intensidad, como si poc