—¿Quién me llama Doña Marta? —preguntó con el corazón desbocado.
—Es Arquímedes. Quiere saludarte —respondió con voz suave.
Macarena sonrió levemente. Aunque hablar con Arquímedes era algo que le llenaba de tranquilidad, no pudo evitar sentirse decepcionada. Pero aquella decepción que sentía no era hacia los otros sino hacia sí misma por creer que Jeremías deseaba encontrarla.
—Vamos —dijo.
Doña Marta asintió y salió delante de ella. Había notado claramente su desconcierto. “Esta chica está