Macarena bajó del taxi con los brazos cruzados, vestida para una elegante celebración a la cual no asistiría.
—Venga, le presentaré a Doña Marta. —dijo el hombre.
Ella asintió y lo siguió de cerca. El taxista tocó la puerta un par de veces hasta que una mujer robusta, de sonrisa amable, le abrió.
—Buenas noches, Arquímedes —contestó con voz suave, sin percatarse de la chica que estaba detrás de él.
—Buenas noches, Doña Marta. He traído una nueva inquilina.
La morena dio un paso hacia adelant