Jeremías se estacionó unos cuantos metros delante del coche de su sobrino para que Macarena pudiera conversar un poco más relajada aunque sin dejar de sentir su presión.
—Lucas, acabo de escuchar tu mensaje. —dijo ella.
—¡Macarena! —exclamó sorprendido, al escuchar su voz.— ¿Dónde te habías metido?
—Lo siento, estaba sin señal —respondió.
—¿Estás en tu apartamento? —cuestionó él—. No veo tu coche frente al edificio.
—No. Aún no llegó. Hubo un pequeño retraso en el viaje. —respondió ella int