Jeremías abrió la puerta de la lujosa suite.
—Bienvenida —dijo en voz suave y firme.
Macarena sonrió nerviosa y entró a la habitación. Aquel lugar era sorprendente. La entrada la condujo al amplio vestíbulo iluminado sutilmente por la lámpara de cristal suspendida en lo alto. El espacio estaba dividido en dos grandes habitaciones; a la derecha, una sala de estar y a la izquierda, un comedor pequeño separado por una pared de vidrio. Al fondo, un pasillo discreto llevaba al dormitorio principal.