A la mañana siguiente, en la comandancia, Jeremías recibió la noticia que menos esperaba; finalmente sería liberado de manera provisional.
Por fin podía salir de aquellas cuatro paredes, aunque no comprendía cómo su abogado lo había conseguido tan rápido. Mucho menos imaginaba que Inés tuviera algo que ver.
—¿A fuera? —dijo el oficial, abriendo la reja de la celda.
Jeremías se levantó de inmediato y caminó por el pasillo para retirar sus pertenencias. Al alzar la vista, se detuvo en seco.
—¡Pap