Un año después
Nassira no podía dejar de mover las manos.
Las entrelazaba. Las soltaba.
Volvía a apretarlas con fuerza sobre su regazo.
Habían pasado dos semanas desde la transferencia del embrión.
Catorce días que le parecieron una eternidad. Catorce días cuidando cada movimiento, siguiendo al pie de la letra todas las indicaciones médicas y rezando cada noche para que aquel pequeño embrión hubiera encontrado un hogar dentro de su cuerpo.
Phillip permanecía sentado a su lado en la sala de consu