Samyra iba a responder.
Pero el profesor Duncan se adelantó, como si hubiera percibido que la conversación estaba llegando a un punto donde ya no era posible mantener la neutralidad.
Se puso de pie con calma.
—Es tarde —dijo con naturalidad—. Debo irme.
Miró a Samyra primero, luego a Omar.
—Señor Al-Sabah. Ha sido un placer. Samyra… espero verte pronto.
No esperó más.
Recogió sus cosas con la tranquilidad de alguien que entiende cuándo no debe permanecer en un lugar donde la tensión ya no perten