Omar bajó del auto apenas este se detuvo frente a la carretera secundaria que conducía al desierto.
El viento nocturno movía ligeramente su túnica oscura mientras daba órdenes rápidas a sus hombres.
—Lleven a la señora a la mansión —dijo sin mirar atrás—. Y asegúrense de que llegue bien.
Samyra permaneció sentada dentro del vehículo.
A través de la ventanilla, lo observó alejarse rodeado de guardias armados, decidido, rápido, completamente concentrado en otra mujer.
Y algo dentro de ella terminó