Murad permaneció inmóvil.
Su presencia imponía respeto.
Había una autoridad natural en él.
Una fuerza silenciosa que llenaba todo el lugar.
Hasret lo observó sin apartar la mirada.
No sabía qué sentir.
Aquel hombre era aterrador cuando se enfadaba.
Pero también era el mismo que había limpiado sus lágrimas unos minutos antes.
¿Debía tenerle miedo?
¿O sentirse completamente segura a su lado?
Murad finalmente habló.
—Lo pensaré.
Su voz recuperó cierta calma.
—Venga conmigo.
Hablaremos como hombres.