Hasret llevó una mano temblorosa hasta su mejilla.
El ardor de la bofetada seguía latiendo bajo su piel.
Podía sentir la huella de los dedos de Tariq como si el golpe aún estuviera ocurriendo.
Cerró los ojos durante unos segundos, intentando controlar el dolor y, sobre todo, la humillación.
Permaneció inmóvil sobre el suelo.
Su respiración era irregular.
Poco a poco levantó la cabeza.
Sus ojos buscaron el rostro de Tariq.
Durante años había mirado a ese hombre con admiración. Había creído que er