Volteó con un gesto instintivo, como si hubiera sentido mi presencia antes de verme. Rebeca. Mi esposa.
Estaba junto a mi padre, lucía… radiante. Vestía un vestido color marfil que abrazaba con elegancia su figura, su cabello recogido en un moño sencillo y los labios pintados en un tono suave. Eva, Aiden y Damián jugaban cerca de la piscina. A su lado, mi padre sostenía una copa de vino, murmurando algo que la hizo reír brevemente.
Yo, en cambio, llegaba tarde. Como siempre.
Traje de lino, gafa