Caminó de nuevo hacia el escritorio, se sentó y colocó ambas manos sobre la superficie, como si necesitara aclararse a algo sólido para no derrumbarse.
—Porque confío en ti —dijo con seriedad, mirándome directo a los ojos—. Y porque quiero pedirte algo.
No dije nada. Solo lo observa.
—Quiero que cuides a Rebeca. Que la protejas… de su hermana —continuó—. Esa mujer y su madre han estado viniendo aquí. Me han pedido dinero. Les he dado lo poco que tengo, pero no es suficiente para ellas. Siguen i