– Rebeca Miller
Llegamos a casa entrada la noche. El viaje de regreso había sido silencioso, cargado de pensamientos que iban y venían como olas golpeando sin descanso. Julian conducía con una calma que yo agradecía. En el asiento trasero, mis hijos dormían profundamente, rendidos después de un día tan emocionalmente agotador.
Apenas el motor se apagó, vi la luz del porche se enciende. Mi madre, siempre pendiente de todo, salió con su bata de algodón y su rostro preocupado. Nos inspeccionamos d