– Charles Schmidt
Estoy sentado a una distancia suficiente para observar sin ser visto, aunque no lo necesito. Puedo verla con claridad, como si el foco del salón la iluminara solo a ella. Rebeca.
Está sentada al lado de ese hombre. Ese maldito tipo que apareció de la nada y que ahora parece tener un lugar que yo nunca supe ocupar. Lo veo inclinarse hacia ella, hablarle al oído, acariciarle la mano como si le perteneciera. Y ella… ella lo abraza. Con ternura. Con la misma ternura con la que al