Charles Schmidt
Apenas crucé la puerta del club, la música y las risas me golpearon como una ola. El aire estaba cargado de perfume caro, luces tenues y voces animadas. Todo era celebración, pero yo no podía desconectarme del torbellino en mi pecho. José, mi mejor amigo, celebraba su cumpleaños con Rosa, su esposa. Su felicidad era palpable. El tipo de felicidad que yo, por más poder que acumulara, nunca había logrado.
Los vi desde la distancia. Se veían bien juntos, como una pareja de esas qu