- Rebeca Miller
Estoy en el cuarto de mis hijos. Los tres ya están dormidos, respirando con la paz que solo tienen los niños. Me acerqué despacio a la cama de Aiden y lo observé en silencio. Me dolió tanto haberle contado todo… tan pequeño, tan inocente, y sin embargo, tan fuerte. Su mirada cuando le hablo de su padre me sigue persiguiendo.
Suspiré y salí de la habitación con pasos suaves. Ya en mi cuarto, me dejé caer sobre la cama y tomé el celular. Cometí el error de abrir las redes sociales