Entré a la mansión y cerré la puerta con suavidad.
El eco del portazo de Charles aún retumbaba en mi pecho.
Respire hondo. Subí las escaleras lentamente, arrastrando los pies como si cada peldaño pesea más que el anterior. El silencio del lugar era tan denso, tan frío… como si la casa misma supiera que no era bienvenida.
Apenas puse un pie en el pasillo, mi mirada se posó —como por instinto— en aquella habitación.
La habitación que compartí con Charles.
Aquella donde pasé noches esperando a que