Estoy de pie, al lado de mi madre, Evelyn De Miller. Ambas vestidas de luto. El lino negro de mi vestido se ciñe a mi figura, elegante, sobrio, como ella me enseñó. Llevo el cabello recogido en un moño bajo, un sombrero con velo negro cubre parte de mi rostro y unas gafas oscuras ocultan la tormenta en mis ojos. Mis manos, protegidas por unos guantes de encaje negro que ocultan mis temblores, me siento en una escena que jamás quise protagonizar. mientras el murmullo de la gente llena el aire de