Rebeca Schmidt
Desperté por el roce de unos dedos acariciando mi mejilla. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero la luz del sol ya inundaba la habitación. Abrí los ojos y me encontré con la mirada azul de Charles. Me miraba con una sonrisa tan grande que me hizo olvidar que estábamos en un hospital.
—Buenos días, amor —me susurró con voz clara.
—Buenos días, Charles —respondí, sintiendo un rubor subir por mis mejillas al darme cuenta de que seguía trepada en su cama.
Él se inclinó u