Parte I: Rebeca Schmidt
El hospital a las cinco de la mañana tiene un silencio particular, una calma frágil que parece suspendida en el aire. Me levanté de mi cama de descanso antes de que el sol asomara, impulsada por una necesidad física y espiritual que no podía ignorar. Necesitaba verlo. Necesitaba confirmar, una vez más, que el apretón de manos de ayer no había sido un sueño.
Caminé por el pasillo en penumbra y entré en su habitación con el sigilo de una sombra. La luz de los monitores bañ