La mañana se levantó con un cielo despejado, de un azul tan intenso que parecía una promesa de paz, aunque yo sabía que lo que nos esperaba podía ser una tormenta. Charles y yo nos levantamos antes de que el sol terminara de despuntar. Nos vestimos en silencio, compartiendo esa complicidad tensa de dos soldados que se preparan para una misión de rescate. No íbamos a una guerra con armas, sino a una batalla por el corazón de un niño.
El trayecto hacia la mansión Schmidt fue breve. Charles conduc