— Rebeca Miller
Apenas el auto se detuvo frente al hospital, sentí que el aire se me escapaba del pecho. Mis manos temblaban sobre mis rodillas y mi corazón latía tan fuerte que apenas podía escuchar mis pensamientos. El chofer corrió a abrir la puerta y mi madre, que iba a mi lado, me sujetó del brazo antes de bajar.
—Hija, tranquila —me dijo en voz baja, intentando mantener la calma—. Necesitas ser fuerte.
Asentí, aunque ni siquiera estaba segura de poder sostenerme en pie.
Apenas entramos a