— Charles Schmidt
Estoy en mi oficina, sentado frente a un montón de papeles que no dejan de acumularse sobre mi escritorio. Los observo sin interés, sabiendo que hoy no podré concentrarme. No importa cuántas firmas tenga que poner ni cuántas reuniones me esperen, porque mi mente está en otro lugar… en ella.
En Rebeca.
Respiro hondo y dejo la pluma a un lado. Aún puedo sentir su perfume impregnado en mi piel, en mi camisa, en mi respiración. La felicidad que siento es tan grande que no me deja