Evans
Estaba en mi oficina revisando los movimientos financieros de la empresa, pero mi mente no podía dejar de vagar hacia Isabella. Cada instante desde nuestra última noche juntos parecía grabado en mi memoria: sus dedos recorriendo mi cuello, la manera en que buscaba mis labios, su respiración entrecortada cuando la tenía cerca.
Sabía que no podía dejar que esta pasión se desbordara en momentos inadecuados. Ryan estaba en la casa, y aunque estaba relativamente calmado, su presencia siempre imponía un límite invisible. Sin embargo, cada vez que Isabella aparecía en mi mente, ese límite se desdibujaba, y un calor profundo se instalaba en mi pecho.
Mientras revisaba un informe sobre inversiones recientes, noté algo inusual en las cuentas de Ryan. Una serie de transacciones pequeñas pero sospechosas. Nada que demostrara fraude todavía, pero suficiente para que mi instinto comenzara a activarse. Tenía que ser cuidadoso; cualquier movimiento en falso podría alertarlo.
Decidí llamarla. No