Capítulo 80.

Capítulo 80

Alejandro.

La mañana siguiente se sintió como una tregua armada. El silencio en la mansión era tan espeso que casi podía tocarse.

Sarah no me dirigió la palabra durante el desayuno; se limitó a atender a Joe. Cuando anunció que tenía una reunión de trabajo y que se ausentaría un par de horas, mi instinto me gritó que no la dejara ir.

La seguí, por supuesto. No podía evitarlo. Mi coche se mantuvo a una distancia prudente, fundiéndose con el tráfico del centro hasta que ella aparcó
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