Capítulo 32.

Capítulo 32

Sarah.

Joe no caminaba por la mansión con los ojos brillantes de emoción. Su mirada iba de las lámparas de cristal a los cuadros abstractos con una fascinación que a mí me revolvía el estómago. Para ella, esto era un cuento de hadas; para mí, era la oficina del verdugo.

—Mamá, ¿viste que las manijas son de oro? —susurró Joe, tirando de mi manga mientras atravesábamos el gran salón.

—Es solo metal brillante, cariño. No toques nada, ¿sí? Vamos a intentar no hacer ruido.

Ese era mi may
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