Capítulo 57.
Capítulo 57
Alejandro.
Las aguas termales nos envolvían como una segunda piel, pero era el calor de Sarah lo que me estaba volviendo loco. Ya no había deudas, ni ingenieros, ni rencores. Solo el roce de su piel contra la mía bajo la superficie.
La atraje hacia mí, sintiendo la resistencia inicial de sus músculos, una tensión que se desvanecía ante la urgencia de mis manos. Mis dedos recorrieron su espalda, bajando por la curva de su columna hasta que su cuerpo se arqueó contra el mío.
—Mírame —