Capítulo 31.
Capítulo 31
Sarah.
Caminé por los pasillos del hospital sintiendo que, por primera vez en años, mis zapatos no pesaban. La euforia era una droga recorriendo mis venas, caliente y eléctrica. Había ganado. Miguel estaba acabado, la empresa volvía a mis manos y, lo más importante, Joe era mía. Legal y totalmente mía.
Mientras avanzaba hacia la habitación de mi hija, ya estaba trazando el mapa de mi nueva vida. No volvería a la mansión de Alejandro para quedarme. Usaría el poco dinero que me quedab