El doctor vivía en un sótano al otro lado de la ciudad, en un edificio que parecía a punto de colapsar sobre sí mismo.
Dimitri la arrastró por calles que Valerie no reconocía. Once años encerrada la habían vuelto una extranjera en la ciudad donde era prisionera.
Las luces, los sonidos, la gente, todo la abrumaba.
Caminaba con la cabeza baja, siguiendo los pasos de Dimitri. Su mano cerrada como un grillete alrededor de su brazo.
Bajaron escaleras húmedas que olían a moho y a algo peor. A desinfe