La segunda semana empezó con una tormenta pequeña.
No de las que hacen daño: de las que llegaban del norte en noviembre con lluvia fina y viento que no era fuerte pero sí constante, el tipo de tiempo que hace que la distancia entre cualquier punto A y cualquier punto B cueste el doble de lo habitual.
Valerie llegó igual a las ocho en punto.
El abrigo mojado. Los zapatos con una línea de humedad en el borde de la suela.
El escritorio igual que lo había dejado el viernes.
Ordenador. Bandeja. Bolí