El miércoles llegó el frente de tormenta.
No la tormenta todavía: el frente. El cielo bajo y pesado que se instaló sobre el pueblo como una decisión tomada a medias, la temperatura que bajó ocho grados en cuatro horas, el viento que venía del norte con una humedad que se metía dentro de los abrigos aunque el abrigo fuera grueso.
Valerie lo notó al salir de casa a las siete de la mañana.
El aire olía diferente.
A tierra mojada y a electricidad y a algo que todavía no había llegado pero que estab