La presentación era a las diez de la mañana.
La sala de juntas del primer piso tenía capacidad para doce personas y ese viernes estaba con once: los cuatro miembros de la junta regional que habían venido desde la capital, Celia, Steve, el gerente Fuentes, dos técnicos de auditoría, Petra y Valerie.
Fuentes llegó a las nueve y cuarenta y cinco.
Cuando la vio, se detuvo un segundo.
Solo un segundo, el tiempo exacto que le tomó recalibrar y decidir que el lugar donde eso tenía que resolverse no er