La recepción de la petrolera era una sala pequeña con tres sillas y una mesa de formica y una ventana que daba a la calle principal del pueblo.
Morales estaba de pie junto a la ventana.
Exactamente como Celia lo había descrito: mayor, moreno, abrigo gris. Manos grandes. El tipo de quietud en los hombros que tienen las personas que pasan mucho tiempo esperando y han aprendido a hacerlo sin señalarlo.
Valerie cruzó la recepción.
Lo miró.
Él la miró.
Ninguno de los dos dijo nada durante dos segund