La motocicleta regresó exactamente a las tres y cinco.
Valerie estaba en la ventana, esperando sin saber por qué esperaba. Instinto, quizás. Doce años de anticipar peligro habían afinado sus sentidos hasta convertirlos en radar que nunca se apagaba.
Roger se bajó de la moto con esa fluidez estudiada, quitándose el casco lentamente, sabiendo que alguien observaba. Sacudió el cabello oscuro, sonrió hacia la ventana donde Valerie se apartó instintivamente.
Demasiado tarde. Ya la había visto.
Cinco