La semana siguiente, Isabella apareció cuatro veces.
Lunes a las tres de la tarde, con excusa de devolver un libro que Julián le había prestado hace meses. Martes al mediodía, trayendo pan del horno de su padre "porque pasaba por ahí". Miércoles por la noche, con papeles sobre la expansión escolar que "necesitaban revisión urgente". Viernes a las cinco, sin excusa alguna.
Cada visita seguía el mismo patrón: Isabella ignoraba a Valerie como si fuera un mueble, conversaba con Julián sobre asuntos