La gala resplandecía con el brillo artificial de mil máscaras.
El salón principal del Hotel Imperial había sido transformado en un jardín de fantasía, con arreglos florales que costaban más que el salario anual de la mayoría de los asistentes y una orquesta que interpretaba música diseñada para hacer sentir importantes a quienes ya creían serlo. Los invitados circulaban como peces en un acuario de cristal, exhibiendo joyas y sonrisas igualmente falsas.
Isadora descendió la escalera principal co