La sala de juntas olía a café recién hecho y a estrategia.
Isadora ocupó la cabecera de la mesa con Dante a su derecha, sus manos todavía entrelazadas bajo la superficie de caoba. Al otro lado, Elena extendía documentos con la precisión de un cirujano preparando sus instrumentos. Marcos permanecía de pie junto a la ventana, vigilando el horizonte como si esperara que los enemigos emergieran de las nubes. Y Sebastián Herrera, el abogado que había guardado los secretos de los Montemayor durante d