La propiedad segura resultó ser una cabaña de piedra enclavada en las montañas, a dos horas de la ciudad por carretera serpenteante. El amanecer pintaba el cielo de tonos rosados cuando el helicóptero aterrizó en el claro junto al bosque de pinos.
Isadora apenas había dormido. Las horas transcurridas desde el rescate las había dedicado a coordinar con Sebastián Herrera, quien ya tenía en sus manos las copias certificadas de los documentos. La fiscalía federal recibiría el expediente completo an