El mensaje de Ignacio ardía en la pantalla como una sentencia de muerte.
Isadora se levantó del sofá con el corazón martilleando contra sus costillas. La casa de seguridad ya no era segura. Marcos había dicho que nadie conocía este lugar, pero Ignacio tenía recursos, contactos, dinero suficiente para comprar cualquier información.
Verificó las ventanas. Blindadas, como había prometido Marcos. Una sola entrada. Las cámaras de seguridad mostraban el pasillo vacío en la pequeña pantalla junto a la