Noventa y cuatro páginas.
Letra apretada. Tinta azul, la misma del sobre, la misma de la foto. Márgenes sin sangría, columnas de datos que Remedios había organizado con la precisión de alguien que sabía que algún día alguien tendría que leerlos en condiciones de urgencia y que la claridad es una forma de cuidado.
Isadora llegó a Madrid con la libreta en el bolso interior.
La entregó a Elena esa misma tarde.
Elena la leyó esa noche.
Las dos se reunieron al día siguiente a las nueve de la mañana