El apartamento olía a papel viejo y lavanda.
No la lavanda de los ambientadores o de los productos de limpieza. La lavanda real, la que viene de plantas vivas en macetas de terracota, la que tiene un fondo vegetal y húmedo debajo del aroma.
Cuatro macetas en el alféizar de la ventana.
Una foto grande en la pared del pasillo. Blanco y negro. Una ciudad que Isadora reconoció como el Viena de los años ochenta por la calidad del grano fotográfico.
La puerta se abrió antes de que llamara.
Remedios V