Buenos Aires en otoño tiene esa luz que no calienta pero tampoco lastima.
Una luz de transición. De cosas que están terminando y cosas que están empezando y no se puede saber cuál es cuál todavía.
Marcos las esperó en el aeropuerto. Traía barba de semanas y una chaqueta nueva que le quedaba demasiado grande, como si la hubiera comprado sin probársela porque tenía la mente en otro lugar.
Isadora lo abrazó.
Él olía a transporte público y café de máquina y algo que no supo nombrar pero que sonaba