El libro llegó un martes.
No con fanfarria. Sin acto de lanzamiento, sin alfombra roja, sin presentación en sala grande con público y aplausos cronometrados. Marcos lo había pedido así desde el principio, con esa claridad que tenía para las cosas que le importaban de verdad: un martes, las librerías de seis países lo ponían en sus estantes, y la editorial hacía lo que hacen las editoriales cuando confían en que algo va a funcionar por sí solo: lo dejaban estar y esperaban.
Isadora lo encontró s