A los tres meses, Lucía Valentina Montemayor Castellanos descubrió que tenía manos.
Se quedó mirándolas durante diez minutos completos, con una expresión de asombro científico que Dante fotografió y envió a todos los contactos del teléfono sin excepción.
Isadora lo encontró mirando la pantalla con una sonrisa de adulto que claramente no sabe que está sonriendo.
—Eres ridículo —le dijo.
—Soy padre —respondió él, como si fueran lo mismo.
No eran exactamente lo mismo.
Pero a veces, sí.
A los seis