El bunker olía a sal marina y a secretos enterrados.
Isadora avanzaba por el túnel de acceso con el corazón martilleando contra sus costillas, cada latido un recordatorio del tiempo que se escapaba. Veinticuatro horas desde el secuestro. Veinticuatro horas de planificación frenética, de llamadas a contactos que preferirían permanecer anónimos, de preparativos que normalmente requerirían semanas comprimidos en un solo día.
El Especialista lideraba el grupo de asalto, seis hombres de fuerzas espe