El apartamento estaba a oscuras cuando llegaron.
Isadora entró primero. Elena detrás. Marcos cerrando la retaguardia con mano en la pistola que llevaba bajo la chaqueta.
Dante estaba en el balcón. Silueta recortada contra las luces de la ciudad. No se giró cuando entraron.
Isadora lo vio. Sintió el tirón en el pecho. Pero no tenía tiempo para reconciliaciones.
—La oficina. —Le dijo a Elena—. Ahora.
La oficina era el cuarto más pequeño del apartamento. Sin ventanas. Una mesa. Dos sillas. Una lám