El avión despegó a las once de la noche, dejando atrás las luces de la ciudad como estrellas que se hundían en el horizonte.
Sebastián había conseguido un jet privado a través de un contacto que no quiso identificar. Sin registros de vuelo, sin lista de pasajeros, sin rastro digital que Marcos pudiera seguir. El piloto era un exmilitar que le debía favores de una vida anterior, una vida que mi esposo nunca mencionaba pero que emergía en momentos como este.
—¿Estás bien? —Su mano encontró la mía