El proyecto llegó a Kate un jueves por la mañana.
No el domingo de la presentación. El jueves anterior, cuando Emma lo imprimió en el colegio, lo metió en el sobre marrón que usaba para los documentos que merecían imprimirse, y lo dejó en la mesa del comedor antes de salir a clases.
Kate lo encontró con el café.
Lo leyó una vez.
Lo leyó dos veces.
La segunda lectura fue más lenta. No porque la primera no hubiera sido suficiente para entender el contenido. Porque la segunda lectura era la de qui