La sala de seguridad se había transformado en un centro de comando improvisado. Tres pantallas grandes mostraban diferentes feeds: una conectada con el equipo de extracción en Paraguay, otra monitoreando noticias internacionales en tiempo real, y la tercera rastreando las comunicaciones interceptadas de Carmen.
Solano estaba en una esquina con audífonos, hablando en voz baja con su equipo en el terreno. Carolina tecleaba sin parar, preparando el siguiente movimiento. Y yo estaba sentada junto a